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Entre motines, estado de sitio y el Plan Centinela ¿realmente bajó la violencia?

Por Walter Lopez
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Introducción

El inicio de 2026 estuvo marcado por dos eventos que definieron el rumbo de la política de seguridad del gobierno de Guatemala: los motines del 18 de enero en tres centros penitenciarios del país y el asesinato de once agentes de la Policía Nacional Civil. Con la intención de prevenir y contener la violencia, las autoridades implementaron, primero, un estado de sitio a nivel nacional y, posteriormente, estados de prevención en algunos departamentos del país.

La pregunta obligada que surge en este contexto es: ¿estas medidas han tenido algún efecto sobre los homicidios? En este blog no puedo responder de forma definitiva a esta pregunta, pero sí ofrezco una primera aproximación basada en datos. Para ello, analizó los registros de homicidios del 1 de enero al 15 de marzo de 2026 y los comparo con el mismo periodo en 2024 y 2025, con la finalidad de identificar si existe una reducción significativa de los homicidios con respecto a los años anteriores.[1]

Para ello utilicé varias herramientas estadísticas[2] que permiten triangular los resultados y evaluar su consistencia. Este enfoque incorpora el análisis del comportamiento y dispersión de los datos en series temporales día a día. Es importante señalar una limitación metodológica: los análisis estadísticos presentados no permiten medir el impacto de las medidas implementadas, pero sí permiten afirmar que existe una reducción estadísticamente significativa en el periodo analizado. A partir de este hallazgo, esbozo algunas hipótesis que podrían contribuir a explicarla.

¿Qué nos dicen los datos sobre homicidios en los primeros dos meses y medio del año 2026?

La figura 1 muestra que, después de los motines y ataques a los agentes de la PNC (18 de enero), hubo una reducción de homicidios. Entre el 19 de enero y 15 febrero, hubo solo cuatro días en los que las muertes violentas estuvieron por encima del promedio observado en todo el período analizado (6.7 homicidios).

Figura 1. Gráfico de control de homicidios entre el 1 de enero y 15 de marzo de 2026.

Fuente: Elaboración de Observatorio de la Violencia, Diálogos con datos del Pladeic.

Esta figura muestra también que, tras este periodo de “latencia”, se registraron varios días en los que los homicidios superaron el promedio de 6.7. Este incremento se observó entre el 15 de febrero y el 15 de marzo. Estos datos sugieren una posible reactivación de la violencia, lo que invita a pensar si la reducción observada se debió a las estrategias de contención implementadas, o bien las estructuras criminales comenzaron a retomar sus operaciones criminales con relativa normalidad.

¿Qué diferencia existe entre el número de homicidios en este inicio del 2026 con respecto a los dos años anteriores?

Del 1 de enero al 15 de marzo de 2026 se registraron 157 homicidios menos que el mismo periodo en el año anterior, lo que representa una reducción del 24%. Sin embargo, al hacer la comparación con 2024, los resultados son distintos, pues en 2026 se observó un incremento del 4% respecto a ese año.

Tabla 1. Número de homicidios entre el 1 de enero y el 15 de marzo. Comparación de los años 2024, 2025 y 2026.

Año Número de homicidios
2024
475
2025
653
2026
496
Fuente: Elaboración de Observatorio de la Violencia, Diálogos con datos del Pladeic.

¿Por qué se propone esta comparación?

El análisis comparativo del 2026 con los dos años anteriores permite evaluar con mayor precisión si las estrategias para la contención y prevención de la violencia en el marco del Plan Centinela[3] han incidido en la reducción de homicidios. Limitar el análisis comparativo con el año 2025 puede distorsionar los resultados dado que, en el lapso de los últimos cinco años, el 2025 registró un incremento en el número de homicidios (ver figura 2). De hecho, ese año cerró con  una tasa de 17.2 homicidios por cada 100,000 habitantes que revirtió la tendencia descendente de la tasa observada desde el 2009.

Figura 2. Número y tasa de homicidios por cada 100,000 habitantes (2021-2025).

Fuente: Elaboración de Observatorio de la Violencia, Diálogos con datos del Pladeic.

Dado lo anterior, realicé la comparación con el año 2024 para utilizarlo como contraste frente al 2025. Es importante señalar que el 2024 registró una reducción en la tasa de homicidios a niveles cercanos a los observados durante la pandemia, cuando las restricciones de movilidad impactaron la cantidad de muertes violentas. El 2024 cerró con una tasa de 15.8 por cada 100,000 habitantes, la más baja posterior a la pandemia.

En ese contexto, la comparación con los años anteriores resulta metodológicamente útil. Primero, porque evita sobreestimar el efecto del Plan Centinela. Si usara únicamente el 2025– año de repunte–, cualquier reducción en 2026 quedaría “inflada”. En cambio, al introducir el año 2024, se amplía el rango de variación y se observan dos condiciones distintas de los homicidios: un año de relativa contención (2024) y otro de incremento (2025). Esta aproximación ofrece un contraste mucho más conservador y metodológicamente defendible.

La figura 3 presenta tres gráficos que muestran diferencias importantes en el número de homicidios en los meses de enero, febrero y los primeros quince días de marzo de los años que comprenden el análisis.

Figura 3. Gráficas de control de homicidios diarios en enero y febrero e inicios de marzo. Comparación años 2024,2025, 2026

Fuente: Elaboración de Observatorio de la Violencia, Diálogos con datos del Pladeic.
Nota: Este es un gráfico de control estadístico y establece tres medidas: la media y dos límites, uno superior UCL (Upper Control Limit) y otro inferior LCL (Lower Control Limit). Está diseñado para contar eventos en un periodo de tiempo, en este caso el número de homicidios. Identifica qué días registraron un número de homicidios inusualmente alto en relación con el comportamiento habitual del período. La línea central es el promedio diario, las líneas punteadas marcan los límites dentro de los cuales cae el 99.7% de los días bajo condiciones normales. Los puntos que superan el límite superior no presentan variación aleatoria, indican que algo fuera de lo ordinario ocurrió ese día[4].

La figura 3 muestra que los tres años registraron exactamente tres días fuera del límite superior de control (UCL), aunque con patrones temporales y magnitudes distintas. En 2024, por ejemplo, tiene una media de 6.3 homicidios diarios y un límite superior de 13.8. Los días anómalos se concentraron en enero, dentro de los cuales se registró un día por encima del límite superior (14 homicidios el 10 de enero). Igualmente, en la segunda mitad de febrero (18 y 25 de febrero) se registraron dos días extremos dentro del límite superior, con 15 y 14 homicidios, respectivamente. En total, en este periodo se registraron 475 homicidios, el nivel más bajo de los tres años de la comparación.

El 2025 representó un periodo de mayor cantidad de homicidios. Alcanzó una media de 8.8 y un límite superior de 17.7. Los tres días fuera del control se concentraron en la segunda mitad del periodo: 9 de febrero (18 homicidios), 2 de marzo (19 homicidios) y 8 de marzo (20 homicidios). En este periodo hubo un total de 653 casos.

Finalmente, el 2026 muestra un descenso frente a 2025, con una media de 6.7 homicidios, un límite superior de 14.4 y un total de 496 casos,todos valores muy cercanos al 2024. Sin embargo, el patrón de distribución del control es distinto. Los tres eventos anómalos se agruparon en los extremos el día 18 de enero (17 homicidios) y el 14 y 15 de marzo (16 y 15 muertes respectivamente). En este año se puede observar un periodo de latencia posterior al día 18 de enero que podría interpretarse como una reducción en el tramo intermedio del periodo con repuntes puntuales al cierre, aunque sin alcanzar la magnitud de los extremos del año 2025.

En conjunto, la figura 3 muestra que 2025 no fue simplemente un año de mayor violencia promedio, sino un año con una dinámica estructuralmente diferente, por ejemplo, una media más alta, una mayor dispersión y eventos extremos concentrados en el tramo final del periodo.

Los estadísticos descriptivos presentados en la tabla 2 confirman lo que los gráficos de control ya sugieren. Esto es que 2024 y 2026 son comparables en tendencia central, dispersión y forma de distribución, mientras que 2025 se aparta en todas las dimensiones, pues tienen mayor media, mayor varianza y valores extremos más altos. La prueba estadística presentada más adelante confirma que estas diferencias son estadísticamente significativas.

Tabla 2. Estadísticos descriptivos del número de homicidios años 2024-2025.

Estadístico 2024 2025 2026
Media
6.4
8.8
6.7
Mediana
6
9
7
Moda
4
9
7
Desviación estándar
3.2
3.8
3.6
Varianza de la muestra
10.0
14.2
13.3
Curtosis
0.2
0.6
0.1
Rango
13
18
16
Mínimo
2
2
1
Máximo
15
20
17
N días
75
74
74

Total de homicidios

475

653

496

Fuente: Elaboración de Observatorio de la Violencia, Diálogos con datos del Pladeic.

Antes de presentar los resultados de la prueba estadística es importante tener un panorama visual de los patrones de violencia. Para ello, hice una gráfica de densidad (ver figura 4) que nos indica cómo se distribuyen los valores de una variable. Esto nos permite observar dónde se concentran los datos sobre homicidios. Para leer este gráfico debemos tomar en cuenta tres cosas: el pico de la curva, el área sombreada y las colas. Es una manera de saber dónde se concentra la mayoría de los días en los que ocurrieron los homicidios, qué tan comunes son los valores altos y cómo cambia la violencia entre años

Figura 4. Curvas de densidad del número de homicidios diarios. Comparación de los días de enero y febrero, años 2024, 2025 y 2026.

Fuente: Elaboración de Observatorio de la Violencia, Diálogos con datos del Pladeic.
Nota: Este gráfico nos permite observar qué valores son más comunes según el año, qué tan frecuente son los valores altos o bajos y cómo se distribuyen los homicidios.

Por ejemplo, en el año 2025, observamos que el pico de la curva se encuentra en valores más altos (entre 8 y 10 homicidios) lo que indica que estos niveles son más frecuentes. El ancho de la curva es relativamente estrecha, lo que sugiere que los datos están concentrados alrededor de ese nivel (menor dispersión en la mayoría de los días). Y con respecto a las colas, se observan algunos valores extremos. Sin embargo, la mayor parte de los datos se agrupan en niveles medios y altos.

Por otro lado, en el 2026, el pico de la curva se desplaza hacia valores más bajos (entre 5 y 6 homicidios), lo que sugiere una mayor frecuencia de días con menor número de homicidios. No obstante, la curva es más ancha que la del 2024, lo que indica que los datos están más dispersos respecto a ese año de referencia. Las colas muestran valores extremos puntuales, lo que sugiere un patrón más irregular..

En el año 2024, el pico de la curva se encuentra alrededor de 4 homicidios (los valores más frecuentes). La curva es estrecha y con colas moderadas, lo que indica que la mayoría de los días se concentran en valores bajos con poca variación.

En los tres años analizados, la mayoría de los días registró entre 4 y 10 homicidios diarios (promedio), pero con diferencias importantes. En 2024 y 2026, los días más comunes tuvieron entre 4 y 6 homicidios. Mientras que en 2025 lo habitual será tener entre 8 y 10. Dicho de otro modo, en 2025 el nivel de homicidios fue consistentemente más alto que en los otros dos años. No como un fenómeno aislado, sino como el comportamiento habitual de ese período. La reducción observada en 2026 no es solo un número menor en la estadística, sino que refleja una reducción en las muertes violentas con respecto a 2025.

Finalmente, para fortalecer el análisis, realicé una prueba estadística[5] para saber si existen diferencias significativas en el número de homicidios entre el 2024, 2025 y 2026. Los resultados muestran que la diferencia es estadísticamente significativa entre 2025 y 2026, lo cual quiere decir que es poco probable que se deba al azar. En contraste, no se identificaron diferencias estadísticamente significativas entre 2024 y 2026, mientras que la comparación entre 2024 y 2025 sí evidencia un aumento significativo en los niveles de violencia. En conjunto, estos resultados sugieren que 2025 representó un punto de intensificación de la violencia homicida, mientras que en 2026 mostró una reducción con respecto a este incremento.

En ese contexto, ¿qué nos dicen los datos sobre homicidios a inicios de este 2026? La respuesta es que ha habido una reducción estadísticamente significativa con respecto a 2025. ¿Qué podría explicar esta reducción? Como indiqué al principio, las herramientas utilizadas no permiten identificar con certeza los factores que explican la reducción observada. Sin embargo, considero que existen tres hipótesis que no son mutuamente excluyentes y podrían estar operando de manera simultánea.

Primera hipótesis: Intervención en los centros penitenciarios.

El Plan Centinela incluyó requisas y mayo control de las cárceles que pueden haber interrumpido las cadenas de mando desde las que las estructuras criminales coordinan operaciones hacia el exterior. Si esta hipótesis es correcta, el efecto debería ser más visible en zonas donde los liderazgos carcelarios tienen mayor influencia.

Segunda hipótesis: Patrullajes focalizados en zonas de alta incidencia.

La presencia conjunta de la PNC y el Ejército de Guatemala en territorios con mayor concentración de homicidios pudo haber generado un efecto disuasivo a corto plazo. Este tipo de intervención tiende a producir reducciones temporales que requieren sostenibilidad operativa para mantenerse.

Tercera hipótesis: repliegue táctico de las estructuras criminales.

Tras los hechos violentos de enero, es posible que algunos grupos hayan optado por reducir su actividad visible como respuesta al aumento de la presión institucional. Este es un comportamiento que no supone una reducción estructural de la violencia, sino una adaptación táctica. El repunte observado en la segunda mitad del periodo analizado es consistente con esta hipótesis.

Estas líneas de interpretación requieren de un análisis adicional con variables que el Observatorio no tiene disponibles en este momento. Entre ellas están el registro de operativos del Plan Centinela, datos sobre resultados concretos de los patrullajes por zona y fecha, así como capturas, decomisos, tanto en los centros penitenciarios, como en las zonas de alta incidencia.

Conclusiones

Los resultados del análisis permiten identificar tres hallazgos principales. Primero, el año 2025 representó un incremento significativo en la violencia homicida que interrumpió la tendencia a la baja mostrada desde 2009. Segundo, en lo que va del  2026, se observa una reducción estadísticamente significativa en el número de homicidios con respecto al año anterior. Sin embargo, es importante notar que los datos de las últimas semanas del período muestran señales de reactivación que obligan a leer este resultado con cautela. Tercero, la comparación con 2024 revela que los niveles actuales no son inéditos, sino más bien parte de un retorno a condiciones previas al pico de 2025. Esto subraya la necesidad de  no sobreestimar el efecto de ninguna intervención específica.

Para avanzar en la comprensión de estos procesos, resulta indispensable contar con información más detallada sobre la implementación del Plan Centinela y otras medidas de seguridad. Saber qué funcionó en 2024, qué explica el incremento del 2025 y qué sostiene la reducción en 2026 va más allá del interés estadístico. Encontrar explicaciones sobre estas dinámicas es la base para construir una política de seguridad que sea efectiva, sostenible y democrática.

[1] Es importante hacer dos acotaciones metodológicas importantes. Primero, señalar que el año 2024 tuvo 75 días en el período analizado debido a que fue bisiesto. Mientas que 2025 y 2026 tienen 74 días cada uno. Esta diferencia de un día no afecta la comparabilidad de los resultados debido a que los análisis se basan en promedio diario y no en totales absolutos. Segundo, el corte del día 15 de marzo para los tres años obedece a que la Semana Santa cae en fechas distintas dentro del mes de marzo o abril en los tres años analizados. Incluir en los análisis este periodo vacacional podría generar variaciones estacionales de los homicidios dado a varios factores: consumo de alcohol, la movilidad poblacional y cambios en los patrones de presencia policial. Todo ello afectaría el rigor de los análisis estadísticos lo que dificultaría la comparación. Por dicha razón, se decidió tener un corte previo en este ejercicio comparativo.

[2] Las herramientas estadísticas que utilicé son: gráfico de control, curvas de densidad y una prueba de diferencia de medias de Mann-Whitney para establecer si la diferencia en el número de homicidios es estadísticamente significativa. Coloqué una descripción debajo de cada gráfico para explicar su aporte analítico.

[3] Es razonable pensar que las dos estrategias que han sido especialmente efectivas son: a) mayor control de las cárceles a través de requisas; y el patrullaje conjunto entre la PNC y el Ejército de Guatemala en zonas de alta criminalidad.

[4] Para detalles técnicos, se trata de un c-chart, un gráfico de control basado en la función de distribución de Poisson, apropiada para el conteo de eventos en unidades de tiempo fijas. Los límites se calculan como c̄ ± 3√c̄, donde c̄  es el promedio diario de homicidios. El número 3 es un factor estándar de control estadístico para definir el rango dentro del cual cae el 99.7% de las observaciones.

[5] Se utilizó la prueba no paramétrica de Mann–Whitney  para comparar las distribuciones de homicidios entre los años analizados. El estadístico U se calcula a partir de la comparación de rangos entre ambos grupos. Cuando el valor de U es menor al esperado, significa que los valores de un grupo suelen ser más bajos que los del otro.

Walter López

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