¿En qué país del mundo sus habitantes se preocupan más por los derechos humanos? Durante la última década, he planteado esta pregunta a muchas personas, entre ellas académicos, políticos, activistas, abogados, estudiantes, baristas y taxistas. Casi siempre responden Noruega, Canadá, Francia o algún otro país del Norte Global. Pero todas esas respuestas son incorrectas. La respuesta correcta es Guatemala. Las personas en Guatemala parecen preocuparse más por los derechos humanos que cualquier otra nación del mundo. Esto lo sabemos gracias a los patrones de búsqueda en Google.
Ante este dato, algunos expresan su sorpresa, desconcertados por lo que hace a Guatemala tan peculiar. Otros muestran escepticismo: ¿cómo es posible utilizar los datos de Google para deducir lo que piensa toda una población? Y otros se preguntan por qué a alguien le importaría qué países están más interesados en los derechos humanos.
¿Por qué es esto importante?
En la última década, muchos comentaristas han especulado que el discurso sobre los derechos humanos ha perdido relevancia, que el movimiento de derechos humanos se encuentra en una crisis de legitimidad y que el régimen de derechos humanos ya no empodera a aquellos a quienes pretende proteger, especialmente en el Sur Global.
En estos relatos son bastante comunes tres supuestos de fondo. El primero es que los derechos humanos son un lenguaje hegemónico que ha sustituido a otros lenguajes de emancipación. Por ejemplo, en 2015, Boaventura de Sousa Santos escribió: “los ideales de la liberación nacional –el socialismo, el comunismo, la revolución, el nacionalismo– constituían gramáticas alternativas de la dignidad humana [que] han sido derrotadas por los discursos sobre los derechos humanos”.[1]
Una segunda suposición es que esta hegemonía de los derechos humanos fue creada por los Estados ricos del núcleo económico mundial para promover sus propios intereses, a expensas de quienes viven en la periferia. Tomemos como ejemplo esta formulación de Costas Douzinas de 2008: “Los sistemas sociales y políticos se vuelven hegemónicos al convertir sus prioridades ideológicas en principios y valores universales. En el nuevo orden mundial, los derechos humanos son el candidato perfecto para desempeñar este papel. Sus principios fundamentales, interpretados de manera negativa y económica, promueven la dominación capitalista neoliberal”.[2]
Una tercera y última hipótesis es que podría ser posible liberarse de las cadenas de la hegemonía de los derechos humanos simplemente adoptando vocabularios alternativos de resistencia. Makau Mutua sostiene que los desamparados podrían decidir pronto que “los derechos humanos no son el lenguaje adecuado”[3] para su lucha, y Stephen Hopgood se pregunta si los activistas progresistas podrían optar por un “lenguaje más eficaz para el cambio social”.[4]
En conjunto, estas especulaciones teóricas dan lugar a un modelo descendente de resonancia de los derechos humanos, en el que supuestamente el discurso es impuesto o transmitido a las poblaciones del Sur Global por fuerzas externas. En resumen, este modelo sostiene que, en un momento histórico dominado por el imperio económico, militar y cultural estadounidense, los derechos humanos sirven como una especie de exportación ideológica del Norte al Sur. Además, esta teoría predice que, a medida que el poder estadounidense decaiga, también lo hará el interés por los ideales de los derechos humanos.
El problema con este modelo descendente es que carece de matices históricos. Para empezar, no es evidente que el vocabulario de los derechos humanos haya sustituido a otras gramáticas de resistencia. De hecho, a menudo ha reforzado otros movimientos. Por ejemplo, los derechos humanos se incorporaron inicialmente a la agenda internacional en la década de 1940, en gran parte gracias a los esfuerzos pioneros de activistas de izquierda en toda América Latina. Y tras dos décadas de inactividad, la causa de la legalización de los derechos humanos a través de tratados internacionales se reactivó a mediados de la década de 1960, no por los Estados ricos del Norte Global, sino por los Estados recién descolonizados de África y Asia.
Además, a medida que el movimiento de derechos humanos florecía en las décadas siguientes, desafiaba regularmente los intereses de las grandes potencias, incluido Estados Unidos. Estados Unidos se enfrentó a numerosas críticas basadas en los derechos humanos por cometer crímenes de guerra en Vietnam, por apoyar tácitamente el apartheid en Sudáfrica, por respaldar a Pinochet y otros dictadores latinoamericanos, por oponerse a la Corte Penal Internacional, por invadir Irak, por utilizar la tortura en la base militar de Guantánamo y en la prisión de Abu Ghraib, y por hacer muy poco para combatir la desigualdad y las crisis financieras.
El modelo descendente de imposición de los derechos humanos podría ser en sí mismo un producto de la imaginación académica occidental. Al fin y al cabo, sitúa a los Estados Unidos y a los países europeos en el centro del movimiento de derechos humanos y les atribuye obsesivamente el mérito o la culpa de las acciones de ese movimiento.
Pero hay otra forma de pensar los derechos humanos: el modelo ascendente. La lógica del modelo ascendente es que los derechos humanos pertenecen a la multitud global, y que quienes movilizan este lenguaje no constituyen un movimiento social vertical impulsado por la élite, sino un conjunto descentralizado de campañas de resistencia con muchas voces. Neil Stammers describe bien este modelo: “Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, una amplia gama de movimientos sociales han tratado de desafiar las formas de poder existentes […] De hecho […] en los últimos 60 años, fueron los oprimidos del mundo, movilizados en y a través de movimientos sociales, los autores ocultos de los avances en materia de derechos humanos”.[5] En estos relatos es crucial el papel de la agencia. Ni el contenido ni la utilidad de las reivindicaciones de derechos humanos están determinados por las estructuras de poder. En cambio, el lenguaje puede servir como un recurso duradero para expresar las reivindicaciones políticas y perseguir la emancipación. Quienes aplican el modelo ascendente esperarían que los derechos humanos siguieran siendo un discurso vibrante incluso cuando Estados Unidos se retire de los asuntos mundiales y el orden mundial liberal se debilite.
Esto nos lleva de nuevo a la razón por la que nos importa qué naciones muestran interés por los derechos humanos. Si descubriéramos que el debate sobre los derechos humanos en todo el mundo se concentra principalmente en Estados como el Reino Unido, Alemania o Estados Unidos, se daría credibilidad a la idea de que el discurso está desequilibrado, dominado por una clase rica y benefactora centrada en el Norte Global. Sin embargo, si descubriéramos que el interés por los derechos humanos es más pronunciado entre las poblaciones del Sur Global, esto sugeriría más bien que el lenguaje de los derechos humanos es expresado por grupos constituyentes de todo el mundo y que crece como un jardín, desde abajo hacia arriba.
Hay un problema. Hasta hace muy poco, los científicos sociales disponían de pocas herramientas para evaluar dónde resonaban determinadas ideas o lenguajes. Las herramientas de las que disponíamos —entrevistas y encuestas— son muy costosas y sólo nos proporcionan instantáneas puntuales de la población en un momento concreto. ¿Cómo podemos evaluar teorías divergentes sobre la popularidad del discurso de los derechos humanos en todo el mundo si no disponemos de datos adecuados?
La popularidad de los derechos humanos según Google
Aquí entra en juego Google. Google Trends son datos de acceso público que recogen los patrones medios de búsqueda en Internet entre poblaciones definidas en el tiempo y el espacio. En una investigación reciente, Christopher Fariss, profesor de ciencia política en la Universidad de Michigan, y yo, recopilamos y analizamos datos agregados sobre búsquedas en Google del término «derechos humanos» en 109 países de cinco grupos lingüísticos diferentes (inglés, español, portugués, árabe y francés) durante un período de diez años. En este trabajo, partimos de la siguiente hipótesis: cuanto más busca una población definida el término “derechos humanos” per cápita, más interés latente tiene esa población por los derechos humanos como campo de conocimiento y práctica; ergo, más “resuena” el discurso.
El uso de los datos de Google Trends nos permite estudiar no sólo en qué países es mayor el interés por los derechos humanos, sino también cómo aumenta o disminuye ese interés a lo largo del tiempo. Lo que descubrimos sorprendió realmente a muchos comentaristas del sector.
En primer lugar, el término “derechos humanos” es tan popular en todo el mundo como lo era hace una década. De hecho, hoy en día la gente busca información sobre derechos humanos mucho más que sobre otros conceptos políticos como la justicia social, la desigualdad o la seguridad nacional.
En segundo lugar, el interés por los derechos humanos es mucho más pronunciado en el Sur Global que en el Norte Global. Por ejemplo, clasificamos los países según la cantidad de búsquedas de derechos humanos que realiza su población en Internet, per cápita. En el mundo angloparlante, los zimbabuenses, los zambianos y los ugandeses son los que más buscan información sobre derechos humanos. Los británicos ocupan el puesto 17 y los estadounidenses el 28.
El mundo hispanohablante muestra un patrón similar. El interés por los derechos humanos se concentra sobre todo en los tres países de la región norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras), y no en Estados más ricos como España, Argentina o Chile. Para poner esto en perspectiva, el guatemalteco medio busca “derechos humanos” en Google diez veces más que la persona media en España. Aunque es difícil comparar directamente las tasas de búsqueda entre diferentes idiomas, podemos afirmar con un alto grado de confianza que los guatemaltecos buscan “derechos humanos” más que la población de cualquier otro país.
Una forma de sintetizar estos hallazgos es que las poblaciones del Sur Global son buscadores constantes, que introducen la frase “derechos humanos” en el motor de Google con más regularidad que las poblaciones del Norte Global. Esto, en nuestra opinión, representa una diferencia entre el interés sostenido por los derechos humanos y la curiosidad pasajera por los acontecimientos que aparecen en los titulares.
Estos hallazgos no encajan bien con las críticas recientes a los derechos humanos, que han argumentado que el movimiento global es más “de arriba hacia abajo” que de abajo hacia arriba, o que ha sido capturado por élites profesionalizadas y neoliberales obsesionadas con la ley pero desconectadas de las necesidades de los subalternos. Los datos de búsqueda muestran, por el contrario, que las personas de las zonas “periféricas” de todo el mundo están ávidas de información sobre la legislación y las instituciones de derechos humanos.
Hay tres reacciones escépticas comunes a nuestro uso de Google Trends para extraer conclusiones sobre el discurso de los derechos humanos. La primera es que los datos de búsqueda en Internet no nos dicen mucho sobre las poblaciones. Sin embargo, cabe señalar que los datos de Google se utilizan ampliamente en estudios de salud pública, economía y medios de comunicación, principalmente para medir el comportamiento de búsqueda de información y las preocupaciones de tendencia de grandes grupos. Por ejemplo, las búsquedas agregadas de Google se utilizan para predecir epidemias de gripe y pronosticar las fluctuaciones del mercado bursátil. En el ámbito social, los datos de búsqueda de Google se han utilizado para medir la búsqueda de información sobre la Organización Mundial del Comercio y las relaciones comerciales mundiales, y para seguir la búsqueda de noticias sobre ataques con drones tras importantes golpes contra líderes militantes.
La segunda reacción es que los datos de Google Trends no son muy informativos porque no nos proporcionan tantos detalles como los datos de las encuestas. Esto es verdadero hasta cierto punto, pero conviene tener en cuenta que los datos de búsqueda de Google tienen en realidad una serie de ventajas sobre los datos de las encuestas. En primer lugar, estos datos permiten observar los totales agregados de búsquedas hasta el nivel semanal a lo largo de una serie de años, lo que proporciona patrones geográficos y temporales muy detallados. Para cualquier país, disponemos de cientos de observaciones que miden la frecuencia relativa con la que la población utiliza Google para acceder a información sobre derechos humanos, así como el desglose por ciudades y regiones de las búsquedas agregadas.
Otra ventaja es que, en la mayoría de los casos, las personas escriben “derechos humanos” en sus dispositivos digitales por voluntad propia, lo que significa que los datos agregados reflejan los impulsos cognitivos individuales que propician la búsqueda de información sobre derechos humanos. Las personas no admiten ciertas cosas ni siquiera en cuestionarios anónimos, y sus actitudes suelen estar condicionadas por su interacción con los científicos que realizan las encuestas. Los datos de los navegadores de Internet ofrecen una forma de evitar este margen de error.
Una tercera reacción a nuestros hallazgos es la sospecha de que no reflejan los procesos sociales reales sobre el terreno. Por ejemplo, he hablado con guatemaltecos a quienes les cuesta mucho creer que sus conciudadanos busquen principalmente “derechos humanos” en Internet. Tras analizar los datos de Google, además de otras fuentes de datos de encuestas con información sobre Guatemala, no me sorprende.
¿Qué tiene de especial Guatemala?
La respuesta breve es que los guatemaltecos han sufrido numerosas violaciones a los derechos humanos en el pasado y aún las sufren en el presente. Además, los defensores de los derechos humanos en Guatemala están muy organizados y son muy activos, y se enfrentan a una fuerte resistencia por parte de sus oponentes dentro de la institucionalidad pública y en otras posiciones de poder. Se trata de una combinación única de factores que hace que los derechos humanos sean un tema de gran relevancia para el contexto de Guatemala.
Analicemos esto más a fondo. Creemos que los datos agregados de las búsquedas en Google se generan a través del siguiente proceso que consta de cuatro pasos: 1) las personas de una población reciben conjuntamente alguna señal que despierta su interés por los derechos humanos; 2) recurren a Internet para buscar información de forma privada; 3) cuando lo hacen, deciden utilizar Google como herramienta de búsqueda; y 4) escriben “derechos humanos” para empezar a aprender o descubrir recursos. Podemos rastrear cada uno de estos cuatro pasos en el contexto de Guatemala.
¿Están preocupados los guatemaltecos por los derechos humanos debido a la represión del Gobierno? Sí. Las pruebas de una encuesta del Proyecto de Opinión Pública Latinoamericana (LAPOP) realizada en 2016/17 sugieren que los guatemaltecos muestran un alto nivel de preocupación por la falta de libertad de expresión, sólo superados por Colombia en toda la región. Además, hay pruebas sólidas de que los acontecimientos represivos reales están correlacionados con mayores índices de búsqueda de información sobre derechos humanos. En nuestro artículo,[6] Fariss y yo observamos una relación estadísticamente significativa entre el número de acontecimientos violentos iniciados por el gobierno en una semana y las búsquedas de “derechos humanos” en Google durante la semana siguiente. Estos datos sugieren que las personas responden en tiempo real a las señales, en este caso a hechos reales de violencia estatal, buscando información sobre derechos humanos en Internet.
El segundo paso en el proceso de generación de datos es el uso de Internet. ¿Utilizan los guatemaltecos Internet como recurso para buscar información jurídica y política? Sí. Si bien el mismo proyecto de encuesta LAPOP mencionado anteriormente revela que los guatemaltecos utilizan Internet mucho menos que el promedio de otros países de América Latina, los datos de la séptima oleada de la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey) de 2017 a 2020 muestran que los guatemaltecos encabezan la lista en cuanto al uso de Internet como fuente de información en general, y de información sobre acontecimientos políticos en particular. Cabe señalar que la Encuesta Mundial de Valores se realizó en Guatemala en 2019, tres años después de que se llevó a cabo la encuesta LAPOP en 2016. Estos datos sugieren que, aunque por término medio los guatemaltecos utilizan Internet con menos frecuencia que los ciudadanos de otros países, cuando lo hacen, buscan noticias e información política en mayor proporción.
¿Y el tercer paso? ¿Utilizan los guatemaltecos Google? Sí. Las pruebas sugieren que los guatemaltecos utilizan mayoritariamente este motor de búsqueda cuando navegan por Internet. En particular, durante el periodo 2013-2019, la cuota de búsquedas de Google en Guatemala en comparación con otros navegadores es superior al 94.5% – 98.5% en todos los períodos mensuales.
El cuarto y último paso consiste en la búsqueda de información. ¿Qué buscan los guatemaltecos cuando escriben “derechos humanos” en la barra de búsqueda de Google? El portal Google Trends sugiere que las consultas más relacionadas con las búsquedas de “derechos humanos” en Guatemala incluyen frases como “qué son los derechos humanos”, “declaración de derechos humanos”, “inspector de derechos humanos” y “Corte Interamericana de Derechos Humanos”, “Declaración Universal de Derechos Humanos” y “Convención Americana sobre Derechos Humanos”. Esto demuestra que los guatemaltecos utilizan las búsquedas en Google para acceder a información sobre conceptos fundamentales e instituciones basadas en los derechos.
Sin embargo, sigue habiendo un problema. Aunque todo esto sea cierto, es posible que los datos agregados de Google aún carezcan de representatividad. Al fin y al cabo, el acceso a Internet no está distribuido de forma equitativa dentro de los Estados. Por lo tanto, podría ser que las búsquedas sobre derechos humanos en Guatemala y otros países del Sur Global estén impulsadas principalmente por habitantes de ciudades, estudiantes y visitantes extranjeros que trabajan en el sector de las ONG. Sin duda, esta es una posibilidad.
Sin embargo, la concentración del interés en las grandes ciudades no describe con precisión la situación de Guatemala, donde las búsquedas sobre derechos humanos se distribuyen ampliamente por todo el país. Las ciudades que encabezan la lista de búsquedas son Huehuetenango y Cobán. Estas metrópolis tienen una décima parte del tamaño de la ciudad de Guatemala y ambas fueron escenarios de violencia extrema durante la guerra civil de los años ochenta, y siguen siendo un foco de protestas indígenas y represión. Esto da más credibilidad a la teoría de que el interés colectivo por los derechos humanos —expresado por las búsquedas de toda la población en Google— responde al abuso del poder público.
¿Por qué los guatemaltecos, los zimbabuenses y otras poblaciones del Sur Global son los que más buscan información sobre derechos humanos en Internet?
Las teorías que hemos esbozado anteriormente ofrecen respuestas muy diferentes a esta pregunta. El modelo descendente sostendría que estos países probablemente reciben más presión de los inversores extranjeros, atraen más atención de las ONG o interactúan más con el régimen jurídico internacional. El modelo ascendente probablemente atribuiría la prevalencia del discurso sobre los derechos humanos al aumento de los niveles de represión política y violencia.
Nuestra investigación respalda el modelo ascendente. Las personas se preocupan por los derechos cuando se enfrentan a la violencia y la opresión del Estado en forma habitual, y esto es más importante que otros posibles factores, como la ayuda exterior occidental o las campañas de denuncia lideradas por ONG occidentales. En resumen, la aceptación de los derechos humanos es el resultado de las condiciones locales, no de fuerzas externas.
Nuestros hallazgos muestran que los derechos humanos son un discurso destinado a desafiar directamente los excesos de la coacción estatal. No es descabellado pensar que las personas que se enfrentan a una violencia generalizada busquen formas de empoderarse, y que lo hagan en privado en Internet. En resumen, la razón por la que vemos más búsquedas sobre derechos humanos en los países del Sur Global es que estos países son los que más necesitan los derechos.
Una respuesta popular a nuestra investigación es que es demasiado obvia. En un hilo reciente de Reddit, los usuarios se burlaron de nosotros por publicar resultados evidentes y poco impresionantes. “¿Quieres decir que la gente está más interesada en los derechos humanos en zonas donde es probable que haya menos [derechos humanos]? ¿Por qué es eso sorprendente?”.
Quizás no sea sorprendente. Pero en los círculos académicos, los relatos críticos han llegado a dominar el pensamiento. A menudo oímos que los derechos humanos están perdiendo terreno, que son impuestos por el Occidente neocolonial y, en última instancia, que han “caducado”. Este conjunto de narrativas está tan extendido que moldea las expectativas comunes y, tal vez, nos ciega ante el hecho de que el programa de derechos humanos mantiene un amplio alcance global.
Creemos que los críticos han ido demasiado lejos y que no dan en el blanco. Pero ¿por qué?
Hay muchas razones, pero una de ellas es el privilegio. En su debate sobre la resonancia del movimiento global de derechos humanos, los académicos occidentales adoptan la postura de “representantes autoproclamados”. Desde sus puestos universitarios, hablan en nombre de comunidades a las que no pertenecen y, a falta de datos válidos, utilizan entrevistas selectivas y anécdotas para ofrecer conclusiones de gran alcance.
Nosotros también somos a veces culpables de confiar demasiado en nuestras intuiciones teóricas. Sin embargo, nuestra experiencia en la investigación de campo en países como Guatemala, Kenia y Sri Lanka respalda las inferencias que extraemos utilizando big data. Las personas que se enfrentan a la violencia estatal o que viven en zonas de conflicto recurren rápidamente a los derechos humanos. Y no están, como escribe Mattias Mahlman, “particularmente impresionadas por las críticas a los derechos humanos que se han formulado recientemente en los debates académicos”.[7]
Además, considerar los derechos humanos como un movimiento occidental y neoliberal que intenta persuadir o evangelizar “allí” ignora el hecho de que las personas del Sur Global son los autores ocultos y los participantes activos en la creación del imaginario de los derechos humanos. Al final, la crítica de los derechos humanos podría ser más occidental que el propio discurso de los derechos humanos.
[1] Boaventura de Sousa Santos, If God Were a Human Rights Activist. (Stanford: Stanford University Press, 2015), p. 29. Traducción propia.
[2] Costas Douzinas, “The ‘End’ of Human Rights.” The Guardian, 10 de diciembre de 2008. Disponible en: https://www.theguardian.com/commentisfree/2008/dec/10/humanrights-unitednations. Traducción propia.
[3] Makau Mutua (2008), “Human Rights and Powerlessness: Pathologies of Choice and Substance.” Buffalo Law Review, 56 (4): pp. 1027–34. Traducción propia.
[4] Stephen Hopgood, The Endtimes of Human Rights. (Ithaca, NY: Cornell University Press, 2013). Traducción propia.
[5] Neil Stammers, “The Hidden Authors and Missing Histories of Human Rights.” OpenDemocracy, 25 de septiembre de 2013. Disponible en: https://www.opendemocracy.net/en/openglobalrights-openpage/hidden-authors-and-missing-histories-of-human-rights/. Traducción propia.
[6] Geoff Dancy & Christopher J. Fariss (2023), “The Global Resonance of Human Rights: What Google Trends Can
Tell Us.” American Political Science Review, Vol. 18, Issue 1, pp. 1–22.
[7] Matthias Mahlman. “One Step Too Far”, en Critical Essays on Human Rights Criticism, eds. András Sajó & Renáta Uitz. (Chicago, IL: Eleven International Publishing, 2020), pp. 67-80. Traducción propia.