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“Causas raíz” de la crisis en la frontera sur para Biden-Harris

Por Lizbeth Gramajo Bauer
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¿Una nueva “crisis migratoria” en la frontera sur de los Estados Unidos?

Hacia mediados de marzo de 2021, el Secretario de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América (EE. UU.), Alejandro Mayorkas[1], anunció que el número de encuentros (enforcement encounters) de personas migrantes en la frontera sur estaba llegando a niveles mayores de los que se habían registrado en los últimos 20 años. Sin embargo, al ser cuestionado por la Comisión de Seguridad de la Cámara de Representantes, Mayorkas fue enfático en descartar que se trate de una nueva crisis migratoria en la frontera y criticó la crisis humanitaria que se vivió durante la administración anterior, cuando se separaron familias con el propósito de desalentar la migración. Para el recién nombrado Secretario de Seguridad Nacional, la situación en la frontera sur no es una “crisis migratoria”, pero sí es un gran reto que están buscando manejar de la mejor manera.

En la última década hemos sido testigos de al menos tres crisis migratorias de centroamericanos en la frontera sur de los EE. UU. En junio de 2014, el entonces presidente de los EE. UU., Barack Obama, reconoció la existencia de una “crisis humanitaria” cuando los albergues y las cortes de inmigración colapsaron debido al alto número de menores no acompañados y unidades familiares que estaban llegando a la frontera. Cuatro años más tarde, en 2018, se denunciaba públicamente que la administración de Donald Trump estaba poniendo en práctica la llamada política de “tolerancia cero”, a través de la cual se separaba a los menores de edad de sus padres con el objetivo de disuadir a las familias centroamericanas de migrar. Por último, desde octubre de 2018, hemos sido testigos de varias caravanas de migrantes centroamericanos que se desplazan a través de la región con el objetivo de llegar a la frontera sur de los EE. UU.

 

Lo cierto es que, según los registros estadísticos del Servicio de Inmigración y Control de Adunas de los EE. UU.[2], durante los pasados meses de marzo y abril se han registrado cifras mensuales de encuentros en la frontera que no se veían desde hace más de una década. Además, es previsible que esta cifra continúe aumentando y que durante el año fiscal 2021 se alcancen cifras históricas (véase Gráfica 1).

Gráfica 1. Encuentros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los EE. UU.

Fuente: Servicio de Inmigración y Control de Adunas de los EE. UU. Recuperado el 25 de mayo de 2021 de:   https://www.cbp.gov/newsroom/stats/southwest-land-border-encounters

 

En el caso específico de los menores no acompañados procedentes de los tres países del norte de Centroamérica, es importante hacer notar lo siguiente. La cifra registrada en el año anterior a la pandemia, año fiscal 2019, superó los niveles registrados en el año fiscal 2014, cuando se visibilizó la “crisis humanitaria”. A pesar de que, durante el inicio de la pandemia, año fiscal 2020, se observó una clara caída en la llegada de menores no acompañados a la frontera, en lo que va del año fiscal 2021, ya se superó la cifra alcanzada el año anterior y es bastante probable que al finalizar este año fiscal se supere la alcanzada en el año 2019. Por último, y no menos relevante, es necesario notar que la mayoría de los menores que han llegado a la frontera sur de los EE. UU. en la última década han sido guatemaltecos (véase Gráfica 2). Estos datos nos permiten entender el interés de la actual administración por trabajar de forma estrecha y urgente con los gobiernos de la región para atender los desafíos que representa esta coyuntura migratoria.

 

Gráfica 2. Encuentros de menores no acompañados en la frontera suroeste de los Estados Unidos según país de origen (años fiscales 2011-2021)

 

Nota: *En el caso del año fiscal 2021 la cifra corresponde hasta el mes de marzo de 2021. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Servicio de Inmigración y Control de Adunas de los EE. UU. Recuperado el 25 de mayo de 2021 de:   https://www.cbp.gov/newsroom/stats/southwest-land-border-encounters/usbp-sw-border-apprehensions

 

“La frontera no está abierta”

A pesar de que varios funcionarios de la actual administración han insistido en declarar que la frontera está cerrada y que la pandemia por COVID-19 representa un riesgo mayor para las personas migrantes, el flujo migratorio no parece detenerse. La actual oleada de migrantes en la frontera es el resultado de diversos factores, entre los cuales es relevante señalar al menos los tres siguientes:

  1. La reanudación de los planes migratorios de personas que habían sido pospuestos debido a la pandemia. Las restricciones impuestas por los gobiernos de la región, así como la incertidumbre que generó la pandemia por COVID-19, provocaron que varias personas que tenían planes de migrar decidieran esperar hasta tener más información y mayores certezas. Esto es claramente evidente si se observa la drástica caída que tuvo la cantidad de encuentros en la frontera sur de los EE. UU. durante el año fiscal 2020 comparado con el número de encuentros registrados previo a la pandemia durante el año fiscal 2019. Por tanto, en cierta medida estamos observando la salida de cientos de personas a quienes la pandemia no les hizo desistir de sus planes migratorios, pero sí postergar el momento de emprender el viaje.

Un sondeo realizado durante la pandemia por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2020) en Centroamérica y México, que fue presentado en junio de 2020, señaló que un 47 % de las personas con intención de migrar decidió posponer el viaje debido a la pandemia, y que el 84 % de las personas que pensaban migrar en los últimos 12 meses considerarían retomar el viaje cuando se normalizaran las restricciones de movilidad.  De igual forma, un estudio realizado en Guatemala por Catholic Reflief Services (CRS, 2020) durante la pandemia, presentado en octubre de 2020, reveló que un 27 % de la muestra tenía intención migratoria antes de la crisis, pero había decidido aplazar el viaje por la misma razón.

 

  1. Las expectativas que genera la llegada de la administración Biden-Harris que son aprovechadas por los “coyotes”. El nuevo momento político que se vive en los EE. UU. con la llegada de Biden y Harris es utilizado por los “coyotes” para argumentar frente a la población que es un buen momento para emprender el viaje. En Guatemala, algunos “coyotes” aseguran a sus posibles clientes que no serán deportados inmediatamente y que podrán solicitar asilo al entregarse a las autoridades migratorias; otros afirman que seguramente habrá opciones de regularización con el nuevo gobierno. En Honduras se ha alentado la conformación de nuevas caravanas de migrantes con la esperanza de que las actuales autoridades les permitan ingresar al territorio estadounidense.

Lo cierto es que, desde que inició la pandemia, se apeló al Título 42 del Código de los EE. UU., el cual permite limitar el ingreso de personas extranjeras a territorio estadounidense en función de la salud y la seguridad nacional. Esto ha facilitado la expulsión expedita de personas migrantes hacia sus países de origen. La actual administración continúa con la aplicación de estas medidas con adultos y con unidades familiares, sin embargo, detuvo las expulsiones expeditas de menores no acompañados. Es por ello que el mayor desafío de las actuales autoridades se encuentra en procesar el ingreso de los menores no acompañados siendo respetuosos de las medidas establecidas para ello.

 

  1. El deterioro de las condiciones de vida por la pandemia y el paso de huracanes. El 2020 fue un año especialmente difícil en el norte de Centroamérica, no solo por la pandemia, que dejó a miles de personas sin empleos o con ingresos más limitados, sino también por el paso de dos huracanes que dejaron a un buen número de la población sin hogares y sin cultivos.  La Organización Panamericana de la Salud (OPS) considera que los huracanes Eta y Iota dejaron a más de 9.9 millones de personas centroamericanas afectadas, comunidades incomunicadas e instalaciones de salud afectadas. Además, el impacto del paso de los huracanes se vio agravado por el contexto de la pandemia, que limitó el acceso a servicios de salud y provocó dificultades para movilizarse y garantizar las medidas adecuadas de distanciamiento social en albergues.

La situación crítica con la que las familias centroamericanas inician el 2021 provoca la búsqueda de alternativas de sobrevivencia. Entre las limitadas opciones para mejorar las condiciones de vida que tienen los centroamericanos en sus países de origen, el “sueño americano” aparece como la opción más rentable. Las familias son claramente conscientes de los riesgos que implica el viaje al “norte”, sin embargo, también tienen la certeza de que si logran llegar y establecerse en los EE. UU., podrán ganar en una hora de trabajo lo que con dificultad logran ganar en un día de trabajo en su país de origen.

 

La lectura de las “causas de raíz” de la migración centroamericana desde Washington

En los primeros meses del 2021, hemos sido testigos del interés de la nueva administración Biden-Harris por atender la realidad migratoria de los tres países del norte de Centroamérica. Joe Biden encargó a Kamala Harris liderar la estrategia para abordar el tema migratorio, y la vicepresidenta ya ha realizado varias reuniones virtuales con gobiernos y representantes de otros sectores sociales de la región. Además, próximamente viajará a México y a Guatemala para reunirse con ellos de forma presencial.

Las recientes declaraciones de la vicepresidenta Kamala Harris durante la Conferencia Virtual de Washington sobre Las Américas[3] demuestran el amplio conocimiento que tiene la nueva administración sobre las root causes (causas de raíz) de la migración. Harris habló sobre factores graves como los huracanes, la pandemia, la sequía y la inseguridad alimentaria; pero también habló de las causas profundas como la corrupción, la violencia, la pobreza, la falta de oportunidades económicas, la falta de adaptación y resiliencia climática, y la ausencia de buenos gobiernos.

En la lectura que hace de la migración la actual administración, el tema de la corrupción ha cobrado un papel central, incluso Harris[4] ha llegado a hacer fuertes afirmaciones como las siguientes: “No conseguiremos avances significativos si persiste la corrupción en la región”; “Si la corrupción persiste, la historia nos ha dicho que será un paso adelante y dos atrás”.

La vicepresidenta también demostró que conoce las necesidades específicas y diferenciadas de cada país centroamericano. Para El Salvador, enfatizó la violencia y la necesidad de centrarse en zonas de alta criminalidad y ofrecer alternativas para los jóvenes frente a las pandillas. En el caso de Honduras, se centró en las necesidades humanitarias urgentes de alimentos, agua, refugio y saneamiento tras los huracanes. Finalmente, para Guatemala, resaltó la necesidad de apoyar a los agricultores para hacer frente a las sequías, especialmente a las mujeres agricultoras.

 

Cuando las migraciones previas son la causa de nuevas migraciones

La lectura que se hace desde Washington de las causas de la migración no es equivocada. De hecho, es una lectura que evidencia un profundo conocimiento de la realidad en el norte de Centroamérica. Las principales causas de la migración están claramente identificadas (motivos económicos, violencia y reunificación familiar), y el conocimiento de los altos niveles de corrupción en la región también son acertados. Sin embargo, la coyuntura migratoria actual y la etapa migratoria en la que se encuentra la migración centroamericana representan verdaderos desafíos para la actual administración.

Para el caso específico guatemalteco, estudios recientes en el altiplano occidental, principal región de origen de personas migrantes, han evidenciado que la migración se encuentra en una etapa avanzada en donde las migraciones previas son la causa de nuevas migraciones (Gramajo y Rocha, 2017; Gramajo, 2019 y Roldán et al., 2020). La teoría de la causalidad acumulativa (cumulative causation theory) permite explicar esta situación. Dicha teoría parte del principio que la migración engendra migración porque permite la acumulación de capital social favorable. Es así como las redes sociales que la migración va creando contribuyen en el proceso migratorio de las próximas generaciones de migrantes; brindan información, asistencia, transporte, refugio y apoyo en el proceso de inserción. Esta teoría permite entender por qué en las comunidades donde prevalece la migración, hay mayor propensión a migrar que en aquellas donde no prevalece (Fussell y Massey, 2004).

Partiendo de esta teoría y luego de medio siglo de migración guatemalteca hacia los EE. UU., es posible afirmar que, en varias regiones del país, la migración internacional se encuentra en una etapa avanzada. Algunas de las tendencias observadas a partir del trabajo etnográfico en el altiplano occidental guatemalteco que permiten hacer esta afirmación son: a) la consolidación de la industria del coyotaje; b) la expansión de redes étnicas/comunitarias de guatemaltecos en los EE. UU. que facilitan la inserción de los nuevos migrantes; c) la generación de remesas que financian nuevas migraciones; d) el efecto demostración que producen los logros de familiares y amigos que han migrado previamente; y e) una etapa de reunificación familiar (Gramajo y Rocha, 2017). Respecto a la reunificación, es relevante mencionar que el propio Alejandro Mayorkas[5] ha reconocido que aproximadamente el 80 % de los menores no acompañados que están siendo encontrados en la frontera sur tiene un familiar en los EE. UU., y que en más del 40 % de los casos el familiar es su padre, madre o tutor.

En suma, atender la actual crisis migratoria definitivamente no será una tarea fácil. Si bien en algunos casos la motivación para migrar puede estar en el desempleo o en la violencia, en otros casos la motivación principal puede ser reunirse con familiares que ya están en EE. UU., o tener una casa como la que ha logrado construir el vecino gracias a las remesas, la cual sería imposible de conseguir con los ingresos que se generan en la comunidad. Vemos pues que a las “causas de raíz” se suman otras causas que complejizan aún más la realidad migratoria y desafían la búsqueda de soluciones y alternativas a la migración irregular.

¿Cómo atender esta realidad migratoria?

El primer paso para poder abordar la realidad migratoria consiste en ver hacia atrás y sacar algunas lecciones sobre la forma cómo se ha intentado resolver las crisis más recientes en el pasado y los resultados que se han obtenido. Las altas cifras de encuentros en la frontera sur de los EE. UU. en la última década permiten constatar que las políticas cada vez más restrictivas hacia la migración irregular (militarización y externalización de fronteras), lejos de disuadir a la población migrante centroamericana, han provocado mayores crisis migratorias. El trabajo de campo realizado en al altiplano occidental guatemalteco ha evidenciado cómo estas medidas en lugar de frenar la migración han incidido en: 1) la disminución de la circularidad migratoria y la postergación del retorno a la comunidad de origen; 2) el aumento de la búsqueda de procesos de reunificación familiar en los EE. UU.; 3) una mayor vulnerabilidad en la ruta migratoria; y 4) la perpetuación de un  círculo vicioso para la persona migrante entre la deuda, la deportación y un nuevo intento de reemigración (Gramajo, 2019).

Por otro lado, la experiencia previa ha demostrado que se requiere de la participación de diferentes sectores en el diseño y la ejecución de los distintos planes de desarrollo que buscan generar alternativas a la migración irregular. El gobierno de los EE. UU. habla de aplicar una estrategia integral en la cual puedan participar diversos sectores, entre los que se incluye a gobiernos, instituciones internacionales, sector privado, fundaciones y organizaciones comunitarias. Esto parece acertado porque solo incluyendo a los diferentes sectores de la sociedad en sus diferentes niveles (desde lo nacional hasta lo local) se podrá pensar en estrategias integrales, de largo plazo y eficaces. Se necesita en estos momentos escuchar a las propias comunidades de origen de personas migrantes para conocer cuáles son sus principales necesidades y cuáles son las mejores estrategias para poder atenderlas.

Es momento de ser lo más creativos posibles para responder con estrategias innovadoras ante esta realidad migratoria. Si bien la actual coyuntura migratoria es desafiante, no es posible responder a ella desde el temor o la prisa, como bien han señalado Michael Clemens y Jimmy Graham (2019) en relación con las políticas para gestionar las migraciones desde estos tres países centroamericanos hacia los EE. UU.: “Deben diseñarse no como una respuesta asustada frente a la presión migratoria ilimitada, sino como herramientas temporales para gestionar un fenómeno transitorio”. A decir de estos expertos, es importante en estos momentos hacer un análisis y constatar que Centroamérica está cayendo por un precipicio demográfico que permite intuir que gradualmente la migración empezará a ralentizarse, lo cual disminuirá la presión migratoria en los EE. UU. Es importante revisar los estudios que se están realizando, analizar los datos, decidir en base a evidencias y partir de la premisa que esta crisis no se resolverá durante la actual administración, sin embargo, sí pueden empezar a diseñarse los primeros pasos.

Implementar programas integrales que ofrezcan alternativas a la migración irregular en los países centroamericanos y que atiendan las causas de raíz que producen la migración es indispensable, sin embargo, la búsqueda de alternativas debe pasar también por la discusión de políticas migratorias integrales en los EE. UU.  En estos momentos es necesario empezar a discutir los posibles canales para la reunificación familiar, cómo restablecer el sistema de asilo que fue casi destruido durante la administración anterior, y de qué forma se puede ampliar la migración de centroamericanos de forma regular a los EE. UU. mediante el aumento de visas de trabajo. Por tanto, las alternativas a la migración irregular deben buscarse en ambos lados de la frontera.

“Queremos ayudar a la gente a encontrar esperanza en sus países”, dijo Kamala Harris el 4 de mayo, durante la 51 Conferencia virtual de Washington sobre las Américas. Esta frase condensa el gran desafío en los tres países del norte de Centroamérica. ¿Cómo hacer que los ciudadanos centroamericanos, principalmente jóvenes, encuentren la esperanza de un futuro mejor en sus países de origen? ¿Cómo contribuir desde los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, las empresas, las entidades académicas, las comunidades y las familias a pensar y generar condiciones de esperanza?

 

Referencias:

Catholic Relief Services (2020). Entre el arraigo y la decisión de migrar. Un estudio sobre los principales factores que influyen en la intención de permanecer en el país de origen o migrar. CRS Guatemala, octubre 2020. Recuperado de: https://www.crsespanol.org/wp-content/uploads/2020/10/CRS_Entre-el-arraigo-y-la-decisio%CC%81n-de-migrar.pdf

Clemens, Michael y Graham, Jimmy (2019). Three facts you haven´t heard much about are keys to better policy toward Central America. Center for Global Development, noviembre 2019. Recuperado de: https://www.cgdev.org/blog/three-facts-you-havent-heard-much-about-are-keys-better-policy-toward-central-america

Fussell, Elizabeth y Massey, Douglas (2004). «The limits to cumulative causation: international migration from Mexican urban areas». Demography 41, núm. 1 (2004): 151-171.

Gramajo, Lizbeth y Rocha, José Luis (2016). Migración reciente en el altiplano occidental guatemalteco: redes, reunificación familiar y efecto demostración. Revista Eutopía, v. 2, n. 3, 2016, p. 3-42. Recuperado de: http://recursosbiblio.url.edu.gt/CParens/Revista/Eutopia/Numeros/3/02/3.pdf

Gramajo, Lizbeth (2019). «Otra vez a lo mismo»: Migración de retorno y procesos de reintegración en el altiplano occidental de Guatemala. Guatemala: Editorial Cara Parens URL/IDGT, 2019. Recuperado de:  http://bibliod.url.edu.gt/URL/IDGT/2019/otra-vez.pdf

Organización Internacional para las Migraciones (2020). Efectos de la COVID-19 en la población migrante Principales Hallazgos Sondeo en América Central y México. OIM, junio 2020.  Recuperado de:  https://kmhub.iom.int/sites/default/files/publicaciones/sondeo-efectos_de_la_covid-19_junio_2020_final.pdf

Roldán, Úrsula; Gramajo, Lizbeth; Hernández, Sindy; Girón, Carol; Baumeister, Eduardo y De León, Miguel (2020). Dinámicas migratorias y desplazamiento forzado en Guatemala. Ponencia presentada como investigación base para el Informe Estado de la Región (no.6).  Recuperado de:  Recuperado de: http://repositorio.conare.ac.cr/handle/20.500.12337/7955

 

[1] https://www.dhs.gov/news/2021/03/16/statement-homeland-security-secretary-alejandro-n-mayorkas-regarding-situation

[2] https://www.cbp.gov/newsroom/stats/southwest-land-border-encounters

[3] https://www.whitehouse.gov/es/prensa/discursos-presidenciales/2021/05/05/declaraciones-de-la-vicepresidenta-harris-duranta-la-conferencia-virtual-de-washington-sobre-las-americas/

[4] https://www.whitehouse.gov/es/prensa/discursos-presidenciales/2021/05/05/declaraciones-de-la-vicepresidenta-harris-duranta-la-conferencia-virtual-de-washington-sobre-las-americas/

[5] https://www.dhs.gov/news/2021/03/16/statement-homeland-security-secretary-alejandro-n-mayorkas-regarding-situation

Lizbeth Gramajo Bauer

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2021

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Guatemala