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Los homicidios en Guatemala aumentaron en 2021 respecto al año previo. ¿Era lo esperado después de un año atípico? ¡No necesariamente!

Por Equipo del Observatorio de la Violencia de Diálogos
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Desde principios del presente siglo, Guatemala ha superado ya las 100 mil víctimas fatales por violencia, según los registros de la Policía Nacional Civil (PNC). En los últimos 22 años la tendencia se divide en dos grandes tramos: uno de 10 años en casi continuo ascenso (2000-2009), en el cual acumulamos más 48 mil muertes (4,830 anuales, en promedio); y otro de 12 años de un casi ininterrumpido descenso (2010-2021), durante el que acumulamos más de 53 mil víctimas (4,469 anuales, en promedio). El siguiente gráfico muestra las cantidades y tasas anuales de todo el período.

 

Fuente: datos anuales de la PNC (2000-2021).

 

En ese contexto histórico de largo plazo, los registros policiales indican que durante 2021 hubo, al menos, 2 mil 843 homicidios en todo el territorio de la República de Guatemala. Esto es un aumento de casi el 11% respecto a la cifra registrada en 2020, es decir, 274 muertes por arriba de las 2 mil 569 víctimas del año previo. Una vez ajustadas esas cifras por el tamaño de la población, la tasa pasó de 15.2 a 16.6 homicidios por cada 100 mil habitantes. Esto es un aumento de tasa del 9% (porque la población aumentó 1.5% según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, INE).[1]

Si vemos las cifras del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), las necropsias posiblemente relacionadas con hechos criminales pasaron de 3 mil 500 a 4 mil 78. Por lo tanto, el aumento fue de casi el 17% de un año al otro (578 necropsias adicionales). En términos de tasa, se pasó de 20.8 a 23.8 necropsias (de muertes violentas) por cada 100 mil habitantes.[2] Un 15% de aumento. Por lo tanto, ambas fuentes -con registros propios-, nos indican que por primera vez desde 2010, se registra en Guatemala un aumento interanual en la violencia homicida, tanto en cifras absolutas como en las expresadas por tasa. La última vez que ocurrió esto fue en 2009, cuando se registró el pico histórico de violencia en el país. Ahora, en contraste, aumento ocurre luego de alcanzarse un mínimo histórico, explicado en parte por las restricciones a la movilidad debido a las medidas sanitarias por la pandemia.

¿Cómo evaluamos este aumento interanual reconociendo que el 2020 fue un año atípico? Primero, debemos mantener la consistencia metodológica de comparar cada año con su precedente. Después debemos interpretar el cambio en su contexto. Aquí propongo tomar en cuenta la trayectoria histórica de los niveles de violencia en el país durante el siglo XXI. Retomo propuesta metodológica de los colegas del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y de su proyecto Infosegura para la “gestión de información sobre seguridad ciudadana basada en evidencia”.

En la presentación pública del “Análisis multidimensional de Seguridad Ciudadana, Guatemala,” en octubre del año pasado, PNUD-Infosegura propuso evaluar la tasa del 2021 contra una tasa proyectada según la trayectoria de las observaciones mensuales registradas por la Policía desde enero 2010 hasta agosto 2021, utilizando el método multiplicativo desestacionalizado.[3] De esa manera, estimaron que la tasa esperada para 2021 sería de 18.9 homicidios por cada 100 mil habitantes. Por lo tanto, concluyeron que la tasa interanual con la que terminaría ese año estaría por debajo de lo proyectado, atribuyéndolo al efecto de la Ley Seca (9pm-6am) y al cierre de los centros escolares, así como a los planes de focalización del Ministerio de Gobernación (MINGOB) con sus intervenciones de seguridad en 15 municipios priorizados y los planes para la reducción de las extorsiones, incluyendo persecución de ciertas estructuras criminales como las del sicariato y las pandillas/maras.

En Diálogos hemos replicado el método propuesto por PNUD-Infosegura, pero le hemos hecho cierto refinamiento para calcular la proyección. Primero, decidimos utilizar toda la serie histórica disponible para el siglo XXI, desde enero 2000 hasta diciembre 2019, por lo que también tomamos en cuenta el período de ascenso de la violencia, y no sólo los años de descenso, pero sin incluir los meses de los dos años que queremos predecir, es decir, 2020 y 2021. Por lo tanto, la función que utilizamos para proyectar fue una cuadrática y no una lineal (esto después de aislar el componente estacional de los datos históricos, como lo recomienda el método).[4]

Los resultados que obtuvimos fueron distintos y, por lo tanto, también lo serán las conclusiones; pues la función lineal usada por PNUD-Infosegura tiende a proyectar una tasa más alta en el período que nos interesa, mientras que la función cuadrática predice una tasa más baja, como se muestra en el siguiente gráfico:

Fuente: elaboración propia a partir de los datos mensuales de PNC (2000-2021).

A continuación, presentando únicamente los meses proyectados (enero 2020 – diciembre 2021) por las dos funciones, vemos claramente que al contrastarlos con los datos reportados por la Policía llegamos a conclusiones opuestas. Por medio de los siguientes gráficos constatamos que contra la función lineal sólo octubre 2021 resultó ser problemático, pero al final del año se logró una tasa anual menor a lo esperado. En cambio, si usamos la función cuadrática resulta que los únicos meses con menor violencia respecto a lo proyectado fueron febrero a mayo 2020. Con esta última forma de proyectar, la tasa esperada para 2020 sería 15.4 (casi la misma que se alcanzó en realidad), pero para 2021 la proyección sería de 11.2 homicidios por cada 100 mil habitantes. Por lo tanto, se esperaría que la violencia continuara descendiendo y no mostrando un “efecto rebote”, como algunos analistas han llamado a lo ocurrido, asignándoles así cierta “naturalidad” al aumento, es decir, como un “retorno a la normalidad”. Entonces, según nuestro propio ejercicio, se proyectaban 1 mil 895 homicidios el año pasado, por lo que hubo 50% más de lo esperado.

Fuente: elaboración propia a partir de los datos mensuales de PNC (2000-2021).

¿Cómo confirmar de otra manera, que no sea una simple opción metodológica, que lo esperado era una continuidad en el descenso? Basta voltear a ver al vecino país, El Salvador, donde la violencia homicida descendió un 13% en 2021. En 2020, debido a las restricciones sanitarias, El Salvador redujo su violencia aún más, como era de esperarse: un 44%. Como puede verse en el siguiente gráfico, mientras que en El Salvador lograron reducir la violencia en 8 de 12 meses respecto al año previo, en Guatemala aumentó en 10 de los 12 meses. De esta manera, la tasa de homicidios en El Salvador se acerca cada día más a la de Guatemala, después de estar por arriba durante todo el presente siglo.

Fuente: elaboración propia a partir de datos los mensuales de la PNC de cada país (2020-2021).

 

Fuente: elaboración propia a partir de los datos anuales de la PNC de cada país, utilizando proyecciones de población respectivas según CELADE.

En su reciente discurso ante el Congreso de la República (14 de enero de 2022), el presidente Alejandro Giammattei dijo que la violencia homicida en 2021 disminuyó en 4.4 puntos de tasa respecto al año previo a la pandemia (cuando la tasa fue superior a 21 por 100 mil -ver en Gráfico 1-). Es decir, él simplemente obvió el crecimiento respecto al 2020, descartándolo por ser un año atípico. Justo el año en el que se logró un mínimo histórico, hito al cual sí hizo referencia en su discurso del año pasado (14 de enero de 2021). Esta postura del Organismo Ejecutivo no extraña, pues es la más conveniente para su discurso político y la que requiere menos capacidad analítica y de autocrítica. No obstante, esa salida fácil y autocomplaciente debe evitarse si queremos continuar en la trayectoria del descenso en la violencia.

[1] Estas tasas son calculadas con la población proyectada por el INE al 30 de junio de cada año. Si usamos las poblaciones al final de cada año, las tasas bajan levemente a 15.1 y 16.5 respectivamente. Por cierto, debido al “exceso de muertes” por la pandemia, habrá que revisar los supuestos de las proyecciones de población. Sólo en 2020 las defunciones aumentaron 12%, con 96 mil muertes en total, por todas las causas. Al 30 de noviembre de 2021 el Registro Nacional de las Personas (RENAP) ya contabilizaba más de 112 mil muertes, por lo que el aumento interanual será superior al 17%. Del lado de los nacimientos, en 2020 se dio un descenso importante del 7% respecto al año previo. Obviamente, si suben defunciones y caen nacimientos más de lo esperado, entonces disminuye tasa de crecimiento poblacional. Habrá de revisarse también el supuesto de migración neta.
[2] Como hemos explicado en otras oportunidades, el INACIF no distingue entre homicidios, suicidios y muertes accidentales por “heridas producidas por proyectil de arma de fuego”, por ejemplo (aunque sí utiliza, erróneamente, los códigos del CIE-10 en sus tablas sobre la causa de muerte por grupo quinquenal de edad y sexo, donde atribuye el código W34 a todas las muertes por arma de fuego, es decir, las clasifica como accidentales). Por otro lado, la diferencia con datos de PNC también se explica porque la Policía no actualiza todas sus estadísticas de fallecidos y heridos (lesionados) en la escena del crimen, es decir, quienes fallecen en los hospitales no siempre son contabilizados posteriormente por la Policía.
[3] DatacciónT4EP2 – “Guatemala y Costa Rica, análisis multidimensional en seguridad ciudadana” (14 oct 2021). Presentación a cargo de Silvia Mendoza, Analista de Información de PNUD-Infosegura en Guatemala, disponible en Internet: https://youtu.be/5rnYwF0cj6s
[4] Para replicar la metodología recomendamos ver la detallada explicación del “esquema multiplicativo: desestacionalización y predicción” del profesor Ursicino Carrascal Arranz (Universidad de Valladolid), disponible en Internet: https://www.youtube.com/watch?v=lmR79TU_3OM
Equipo del Observatorio de la Violencia de Diálogos

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2022

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